jueves, 28 de julio de 2011

poema 37





La ostia se pega en el paladar
Y el vino embriaga y muchas veces hace bailar,
Tienen un castillo de arena en el cielo
Que con una fuerte ola se derrumbara
Sí, es eso
Su supuesta  sutileza dibujada,
Un dios que te llevará al cielo o al infierno,
Un mundo que es profetizado por locos depravados
Y bendecidores de armamento bélico
¿Tierno?
Es peor que ese juego romano que a ellos los hace  ricos
Y que limpian pasando un paño con sus sucios dedos.

No quiero tirar rayos, pero se los esperan,
Ustedes se arrancan
Y se mueven   como secas  lagartijas,
Cantan como unos buenos para nada,
Sobre todo cuando profesan con espadas y metrallas;
Yo, sentado nyahcongo contado y cantado,
1, 2, suenan las doradas arpas
El cántico dorado
Y ustedes aún  hasta sus bolsillos armados.


"the black poet"

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